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lunes, 14 de julio de 2008

La guerra de los clones

Una amiga, que prefiere no ser mencionada y a quien por ahora llamaremos mistery pollster, tomó los datos de los 12 atributos evaluados por la encuesta CEP de Lagos y Piñera y los puso en un mapa (ver imagen).
El resultado del ejercicio es interesante. El mapa está dividido en cuatro cuadrantes. En el cuadrante superior izquierdo, debieran ubicarse los atributos en que Lagos es fuerte y Piñera débil. En el inferior derecho, aquellos atributos en que Piñera está sólido y Lagos flojo. En el inferior izquierdo, aquellos atributos en que ambos flaquean. Y en el superior derecho, esos en que los dos destacan.
¿Dónde se ubican los atributos? Precisamente en los dos últimos. Es decir, los atributos que son fortalezas de Lagos, son de Piñera. Y los que son debilidades de Piñera, son también puntos flojos de Lagos. Sin excepciones. No hay ninguno que sea una fortaleza de uno y una debilidad de otro. Esos dos cuadrantes están totalmente vacíos.
¿Qué quiere decir esto? Varias cosas. Una de ellas es que la elección presidencial de 2009 puede ser la guerra de los clones. Dos candidatos que, a los ojos de los electores, comparten notablemente las mismas fortalezas y debilidades.
Ese es un escenario radicalmente distinto al del 2006, en cuya elección de segunda vuelta Piñera era de Marte y Bachelet de Venus. Y ganó Venus.
El que los dos candidatos con mayor intención de voto hoy se sostengan sobre atributos como "don de mando", o "seguridad" también dice algo sobre Michelle Bachelet, que llegó a La Moneda gracias a otras fortalezas como su cercanía y empatía. Justamente aquellas dimensiones en que los dos que están hoy en la punta rinden menos.

martes, 8 de julio de 2008

All politics is local: Bachelet, Piñera y el nobel a Betancourt

Bachelet postula a Ingrid Betancourt al Nobel. Es, según Foxley, "la primera Presidenta que propone a Betancourt al Premio Nobel de la Paz y es la primera ocasión en que un mandatario de Chile levanta una postulación a dicho premio". Es también, dice el canciller en La Tercera, una forma de demostrar "admiración por el espectacular trabajo del Presidente Uribe, quien refuerza su imagen de líder y gran gobernante".
Permítanme dudar. Como decía Tip O´Neill, "all politics is local", y una razón que probablemente influyó en la premura para anunciar la nominación se llama Sebastián Piñera.
Piñera anunció un viaje a Colombia para felicitar a "mi amigo" Alvaro Uribe y su aspiración de reunirse con Betancourt, y hay razones para creer que ambos eventos están en el terreno de lo posible y no son, al menos esta vez, un anuncio oportunista que en tres semanas habremos olvidado y que nadie le cobrará:
  • Piñera ha estado varias veces con Uribe, con quien tiene proximidad ideológica y personal.
  • Hace unos meses recibió en su oficina en Santiago a Juan Carlos Lecompte, el marido de Betancourt y líder de la causa por su rescate durante siete años.
  • El día de la liberación Piñera partió a la embajada de Colombia, con cuyo jefe de misión se sentó a ver tele en vivo con las primeras palabras de Betancourt. El embajador. El día "D". Con el candidato de la oposición....

Después de todo eso, la frase de Bachelet el sábado en La Nación se explica sóla:

"Cuando pase esta gran atención mundial y estemos más libres de cualquier interpretación sobre la búsqueda de rédito político, le extenderé una invitación a Chile".

Lo que no se explica es el intento de Foxley de vincular la postulación al Nobel con un acto de reconocimiento a Uribe. Es harto probable que Betancourt, en vez de una nueva aliada del presidente colombiano, se convierta más temprando que tarde en su gran contradictora. Y el canciller sabe que un premio nobel para ella no es la mejor forma de reconocer "el espectacular tabajo" del colombiano.
Con todo, la idea de la Presidenta ya está sumando. Esta es la frase de Betancourt:
"Sería una bendición, una oportunidad extraordinaria que no merezco, pero es un
espacio, un escenario para poder hablar en particular de la libertad. (Agradezco) al pueblo de Chile y a Michelle Bachelet que lo representa por lo que nos ayudaron durante el secuestro".

martes, 24 de junio de 2008

La revolución ¿será televisada?

Hay gente que es capaz de convertirse en una interfase. De conectar cosas que no tendrían por qué juntarse. Eso es lo que hizo Joe Trippi, el ex gerente de campaña de Howard Dean en las primarias demócratas del 2004 en Estados Unidos.

Trippi es, al mismo tiempo, un geek y un asesor de campañas que en los 70 estudiaba Aeronáutica cuando fue abducido por la política. Es el tipo que, si su testimonio es cierto, puso por primera vez un computador al servicio de una elección. Era 1981. Era un DEC PDP-11, “más grande que una lavadora”, con 1,5 megas de memoria y precio de lista de $17 mil dólares, que sirvió para organizar nombres y direcciones de potenciales votantes del alcalde de Los Angeles, Tom Bradley, en su intento por convertirse en el primer gobernador negro de California.

Trippi perdió el ’81 como perdió con Dean el 2004. Pero en esta última derrota demostró cómo Internet, que ya había alcanzado escala suficiente, podía ser un factor estratégico en política. Veterano de decenas de campañas, escribió un libro que se llama “La Revolución no será Televisada”, en el que relata cómo fusionó el “modelo tradicional” y la tecnología.

No soy quien para andar recomendando libros, pero si a uno le interesa la política y la red, y al mismo tiempo no entiende mucho, es lo mejor que puede hacer por 10.85 dólares.

Cuando comenzó la campaña a comienzos de 2003, dice Trippi, Dean “era apenas un asterisco en la campaña”. Un asterisco con apenas $100 mil dólares en el banco y sólo 432 adherentes conocidos.

Un año después, Dean lideraba las encuestas, había recaudado US $50 millones a punta de donaciones de US $100, su red de voluntarios superaba los 600 mil y los medios –“a los que antes rogábamos por cobertura”- lo habían ungido favorito.

¿Cómo? Con dos cosas.

Primero, utilizando un entonces pequeño sitio llamado MeetUp, algo así como el hombre de Cromagnon de Facebook, que hacía notablemente más fácil conectarse con personas con la que uno comparte intereses y así organizarse. Desde una banda de rock hasta una campaña presidencial.

Y segundo, pero más importante, con un mensaje que –escribe Trippi- “rechazaba la vieja política, tomaba a la gente en serio y la empoderaba en el único lugar donde podían reunirse. Un lugar donde la presencia ubicua de la televisión no podría distorsionar su mensaje”: la red.

Hoy
Hoy, cuando en SCL la “política 2.0” se convierte en la palabra de moda, y el indicador clave es cuántos amigos tiene Sebastián Piñera o Jaime Ravinet en Facebook, vale la pena leer la Revolución no será Televisada. Para separar la anécdota de la sustancia.

La fábula del libro está en la introducción, en la que Trippi narra, con el estilo historia-no-contada de las memorias gringas, el día que todo se vino abajo. Moraleja: es la identidad, estúpido. Y la consistencia.

Es comienzos de diciembre de 2003 y falta un mes para las primarias de Iowa. Dean es el favorito y como tal está recibiendo toda la presión. Sus rivales demócratas lanzan diariamente nuevos avisos de TV destacando sus debilidades e inconsistencias. La prensa despliega el despiadado escrutinio que le reserva al número uno, y Dean ha cometido el peor error imaginable.

Antes de dejar su cargo de gobernador de Vermont y lanzarse a la campaña, firmó un decreto para cerrrar todo acceso público a los documentos oficiales sobre sus 10 años previos al mando de ese estado. La contradicción es evidente: el mismo candidato que promete reformar las prácticas en Washington sobre la base de la participación y la transparencia, teme mostrar su propio registro.

Escribe Trippi: “Le argumentamos que se está comenzando a notar en las encuestas. Que no sobreviviremos si la gente comienza a verlo como otro político más, de aquellos que dicen una cosa y hacen otra. Su campaña es justo lo contrario. Es una candidatura reformista, dispuesta a romper las viejas reglas y hacer que la gente vuelva a confiar en la política (…)”.

-“Tiene que volver a abrir sus archivos, gobernador, le dice Trippi junto al resto del staff.

Pero Dean se niega. “No hay nada raro en ellos”, responde. “¿Por qué tendríamos que abrirlos si no hay nada interesante en ellos?”.

La conversación se vuelve circular hasta que el candidato, ofuscado, dice:

-“Si de eso se trata, prefiero renunciar a la candidatura antes que abrir ese archivo”.

Los presentes guardan silencio. La reunión se termina. Dean y Trippi se encierran en una oficina. El candidato está de espaldas, “agitado”, y le dice:

-¡Hiciste esto demasiado fácil!

-¿Cómo?

-Eso. Nunca pensé que esto iba a llegar tan lejos. Estaba tratando de subir mi perfil, de instalar la salud pública como un issue, de sacudir al Partido, de ayudar a cambiar el país. Pero nunca pensé que esto podría pasar. ¿Entiendes?

Dean gira y mira cara a cara a Trippi: “Nunca pensé en serio que podía ganar. Quería ganar, pero realmente nunca creí que fuese posible”.

No lo fue.

(La introducción de La Revolución no será Televisada -que toma el título de una canción de los '70 y que fue usado también en un documental sobre Hugo Chávez- está íntegra aquí).

lunes, 9 de junio de 2008

¿Accionistas de Lagos y Piñera?

El 7 de mayo, como publicó hace unas semanas La Tercera, José Miguel Insulza reservó una noche de sus visitas blitzkrieg con que intenta instalar su candidatura para cenar con los empresarios José Said, Andrónico Luksic y Wolf Von Appen. Unos días antes, Ricardo Lagos sostuvo otra cena similar, esta vez con Lázaro Calderón, Enrique Cueto, Julio Ponce Lerou y Javier Martínez. Si se hubiesen sentado todos a la misma mesa, sobre ella habría estado dispuesta una notable combinación de participación en el PIB y caudal electoral.

¿Son estas cenas una novedad? Para nada. Candidatos y empresarios se reúnen, intercambian opiniones y construyen confianzas que –llegada la hora- suelen expresarse en donaciones para el financiamiento legal de las campañas. Así lo han hecho desde que las elecciones dejaron de ganarse en las estaciones de ferrocarril, y comenzaron a ganarse en los medios. En Santiago, en París, o en Washington.
Donde sí hubo innovación en esos primeros días de mayo fue en Chicago, en la sede del comando de Barack Obama. Al 30 de abril, el nominado demócrata había levantado más de US $264 millones en donaciones privadas, US $30 millones sólo ese mes. Si la cifra ya es récord, más impresionante es cómo llegó a ella. El 94% de las donaciones no superaron los US $200. EL 52% no pasó de los US $25 (unos 12 mil pesos), y casi el 90% del total fue recaudado a través de la web.
Las cifras suponen un quiebre histórico. Hasta ahora, el modelo de negocios de la recaudación electoral era pedir mucha plata a pocas personas. Así lo hizo, por cierto, Hillary Clinton. Pero Obama demostró que utilizando las redes sociales en Internet -una plataforma efectiva y barata de gestionar aportes- es posible hacerlo al revés: pidiendo poco a muchos.
La innovación de Obama es una enorme ventaja, por varias razones. En primer lugar, porque incrementa su libertad frente a grandes empresas, sindicatos y otros grupos de interés, tradicionales financistas de la política. A cambio de US$ 200 dólares, nadie podría acusarlo de venderse –o arrendarse- a alguno de sus donantes.

En segundo lugar, porque detrás de sus US $264 millones hay más de 3 millones de donantes, que optaron por transferir plata como una forma sencilla y poco exigente de participar. Hoy su comando sabe quiénes son, dónde viven y qué hacen, y puede poner a ese ejército en acción.

Chile. Chile está ad portas de iniciar un triple pack electoral, y la pregunta es si esta revolución del fundraising puede impactar su curso.

Un poco de contexto: La ley de financiamiento electoral del 2004 distingue las donaciones privadas anónimas, de las reservadas y las públicas. Las primeras tienen un límite máximo de 20 UF (unos $400 mil), las segundas comienzan en 20 UF y terminan en 1.500, y las terceras parten de ese límite hacia arriba. Las anónimas son usadas principalmente por personas. Las reservadas y las públicas, por empresas.

¿Qué ocurrió el 2005, en las elecciones parlamentarias y presidenciales chilenas? Primó el modelo “clintoniano”. Suponiendo que nadie eludió la ley, el total de candidatos a diputados, senadores y presidente recaudó $949 millones mediante pequeñas donaciones, versus $13.717 en aportes reservados y otros $2.259 millones en las de carácter público. Es decir, la contribución de las personas representó sólo el 5,6% del total.

Chile ya es, en términos absolutos, el décimo país del mundo con más usuarios en Facebook, y según las proyecciones de Tim O´Reilly terminará el 2008 con más de un millón de miembros en la red social que más se expande en el mundo. Y cuando votemos para elegir al próximo presidente, según las proyecciones de la industria, más de un 40% de los hogares tendrá acceso a Banda Ancha.

Ese es el lado lleno del vaso. El vacío habla de un padrón electoral senil, en el que los inscritos sub-29 representan apenas un 7,5% del total, y los mayores de 60 el 25%.

A eso hay que sumar los problemas de la ley actual. Esta no establece un mecanismo transparente para hacer pequeños aportes, que hoy deben entregarse directamente a los candidatos. ¿En qué lo gastan? ¿Quiénes son esos donantes? Nadie lo sabe.

Pero quizás el problema no pase tanto por la arquitectura del sistema, sino por una cuestión previa. Finalmente, para llamar a votar no sólo con el lápiz, sino también con la billetera, quien pretenda hacerlo tendrá que construir una idea de país por la que valga la pena convertirse en "accionista".

Para quienes ya están en la línea de partida, la oportunidad está abierta. El problema es que uno de ellos habrá cumplido 71 años en diciembre del 2009, y antes de hablar de su propuesta 2.0, tendrá que defender su versión 1.0. Y al otro, dueño de la tercera mayor fortuna de Chile, más que darle plata, dan ganas de pedirle. ¿Habrá un tercero?