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domingo, 26 de junio de 2011

FDR y el Movilh

Es una fortuna que la marcha del 25-j convocada por el Movilh y respaldada por la Fundación Iguales haya coincidido con la legalización del matrimonio homosexual en el Estado de Nueva York, porque nuestro debate se ve alimentado, y reflejado, por el que está teniendo lugar allá.

David Remnick, el editor de The New Yorker, publicó ayer en el blog de la revista un comentario sobre cómo evolucionó la posición respecto del matrimonio gay del presidente a lo largo de los últimos 15 años. Remnick recuerda que en su primera elección, para el Senado de Illinois, Obama se manifestó abiertamente a favor de él, pero que a medida que su carrera crecía y sus batallas electorales se volvían más relevantes fue moderando su discurso público hasta el punto de apoyar sólo las uniones civiles.

"Es claro que en 2008 Obama creía que este no era un issue para liderar, que el precio de situarse demasiado lejos de la mayoría sería políticamente ruinoso porque favorecería la elección de un republicano conservador que perjudicaría no sólo la propia agenda homosexual, sino muchas otras", escribió Remnick.

Luego recuerda la que según Remnick, que escribió una biografía de Obama, es la anécdota favorita del presidente sobre la vida política de Franklin Delano Roosevelt, FDR, y que citó en 2008 para justificar su posición.

A fines de los '30,Philip Randolph, uno de los pioneros de la lucha de los derechos civiles, presionaba a FDR para que usara el poder presidencial y su propia credibilidad para denunciar y combatir las injusticias raciales en EE.UU. Pero Roosevelt, que respaldaba la igualdad racial, le respondía que sólo actuaría cuando se viera forzado a hacerlo por un movimiento popular. "Oblígame a hacerlo", le dijo FDR a Randolph.

Me interesó la anécdota por varios motivos. El primero, porque reafirma la trascendencia de la marcha del 25. Quienes caminaron por la Alameda no eran sólo una minoría. Era un movimiento popular, que la trascendió.

Por eso tienen tanta razón el Movilh y la Fundación Iguales en quejarse de que el conteo "oficial" hablara de 12 mil personas, cuando es evidente que había muchísimas más, y en reclamar por la cobertura de algunos medios, y especialmente TVN, no solo por caricaturizar -"pornografiar", dijo alguien por ahí- la marcha, sino por constreñirla a la manifestación de una minoría sexual, cuando fue bastante más que eso.

La segunda razón por la que me gustó la anécdota es porque pone un marco realista para evaluar el comportamiento de los políticos. Los representantes populares no tienen una, sino muchas agendas, que suelen chocar entre sí. Impulsar una suele dañar, a veces, a otras. Y ante eso, lo que hacen es optar.

Eso es lo que explica el comportamiento oportunista de Obama respecto del matrimonio gay en la campaña presidencial. Puesto en la obligación de elegir, decidió que no estaba dispuesto a correr el riesgo de perder y dejar que los republicanos retuvieran el poder por ser totalmente sincero en un tópico que polarizaba a la sociedad estadounidense.

¿Qué debe hacer, entonces, el movimiento homosexual? La respuesta es obvia: reducir lo más velozmente que sea posible esa polarización. Y eso es lo que la marcha del sábado, tan magistralmente, logró.

Fue el resultado de un muy efectivo re-encuadre del debate que el Movilh viene impulsando al menos de la elección presidencial del 2009, y que la Fundación Iguales contribuyó con mucho éxito a fortalecer.

El re-encuadre consistió en evitar que el debate continuase enmarcado como un asunto de valores o creencias, que es la posición más cómoda para los conservadores, para llevarlo al plano de los derechos. Al exigir algo tan sencillo como un trato igualitario por parte del Estado, su causa se volvió muchísimo más relevante para todos los demás.

Rolando Jiménez lo dijo de una manera harto más elocuente que yo en junio de 2009, luego de una reunión con Eduardo Frei en el marco de la campaña presidencial:
"Lo importante del debate sobre las minorías sexuales, es que estas no son discusiones valóricas, como muchos quieren hacerlas creer. Son debates de derechos humanos, de igualdad jurídica y social, que deben ser garantizadas por un Estado laico al margen de las creencias y religiones que legítimamente pueden tener unos u otros".
El que esta marcha recibiera el respaldo de dos senadoras DC que hasta hace poco se oponían al matrimonio homosexual y que tenían incluso reparos con las uniones civiles, como es el caso de Soledad Alvear y Ximena Rincón, y que muchos otros parlamentarios se aparecieran en la Alameda, es la evidencia de que el Movilh logró crear lo que FDR demandaba: un movimiento popular.

Para un país que hasta el año 1998 -hace apenas 13 años- discriminaba entre hijos "legítimos" e "ilegítimos", y que hasta el 2004 no contaba con una ley de divorcio, es un gran éxito.

La foto es de Kena Lorenzini.
http://lorenzinilorenzinikena.blogspot.com/2011/06/marcha-convocada-x-matrimonio.html


jueves, 12 de febrero de 2009

Devuelvanle su luna de miel

The conversation es una especie de diálogo/columna que escriben a cuatro manos Gail Collins y David Brooks, los dos mejores columnistas del NY Times. Puro filete. El último posteo -porque finalmente es ub blog- me llamó la atención. En él, Brooks -que es un escritor y periodista más bien conservador, pero que votó por Obama- se queja de que la luna de miel de Obama durara tan poco y se declara despojado. "Me robaron mi luna de miel", dice. Y la culpa, afirma, la tiene Obama. Primero porque su plan de estímulo fiscal es un engendro tras su paso por el Congreso y la presión de los Demócratas por impulsar a través de él su agenda ideológica. Segundo, por la seguidilla de errores en la confirmación de sus hombres de confianza, y particularmente los cuatro elegidos que presentaron problemas tributarios, incluido el senador Tom Daschle, mentor de Obama y quien debía conducir la reforma al sistema de Salud.

"¿Qué somos ahora, un país de vírgenes?", reclama Brooks, pasmado frente a la decisión del presidente de prescindir de un hombre clave por una transgresión común en EE.UU (y por cierto en Chile). Pero luego recapitula: finalmente, si te pasaste una campaña prometiendo que ibas a cambiar la cultura política de los últimos 30 años e iniciar una "era de la responsabilidad", no tienes mucha agua en la piscina para insistir con cuatro nominados cuya responsabilidad no les alcanza siquiera para pagar los impuestos.

La idea de que la luna de miel se terminó ya está en todos lados, impulsada también por la nominación en posiciones de primera línea de ex lobbistas, pese a la promesa inicial de que ninguno de ellos asumiría un cargo que supervisara, regulara o tuviera directa relación con la industria en que se desempeñaba en los últimos meses. (un buen relato de cómo se terminó la luna de miel, en esta nota de la excelente Danna Milibank aquí).

¿Por qué todo esto? Por la inevitable sensación de deja vu con los primeros meses de Michelle Babama, y las dificultades para a) plasmar en la práctica promesas como la paridad y el "nadie se repite el plato" b) formar un gobierno que promete ser distinto con una coalición que ha ocupado por décadas las mismas prácticas que la campaña condenaba.

Bachelet es una suerte de Obama. En "la fortuna y la adversidad". Lo dijo ella hace unos meses, y por cierto lo dijo este blog el 5 de julio de 2008 en un posteo llamado "Michelle Babama", lo que -ante la total falta de feedback en su minuto- lo convierte en candidato favorito para los 100 blogs menos influyentes del mundo. Ja.

sábado, 5 de julio de 2008

Michelle Babama

Bachelet es Obama. O Barack es Michelle. No estoy 100% seguro, pero tienen "un aire". Algiuen en EE.UU. debería estudiarlo. Para saber qué (cuánto) esperar.
  • Bachelet es su historia personal. Es su padre. Es Villa Grimaldi. Es la Escuela de Medicina de la Chile. Es el ministerio de Defensa. Es unificar en vez de dividir.Obama es su historia personal. Es su padre. Es el east-side de Chicago. Es Harvard. Es: "There is not a Liberal and a Conservative America. Theris is the United States of America. There is not a white America, or a black America or a latino America; there is the United States of America".
  • Bachelet es mujer. Obama es black. BaBama es el fin de los tabúes.
  • Bachelet era "TU" (y Piñera, "yo"). Obama es "YOU" (y McCain "I"). Es la promesa, inevitablemente rota, de la participación.
  • Bachelet es el triunfo de la empatía sobre el liderazgo (aunque apenitas). Obama, idem.
  • Bachelet es (era) la promesa de reforma de la política ("gobierno ciudadano"; "nadie se repite el plato"). Obama es "yes we can".
  • Bachelet incomodaba (incomoda) al establishment concertacionista. Obama es "cambiemos Washington". Es anti-Clinton.
  • Bachelet es (era) "diré lo que pienso y haré lo que diga". Obama: "¿Vamos a participar en la política del cinismo, o en la política de la esperanza?".
  • Bachelet está más a la izquierda que su gobierno. Obama, más a la izquierda que su campaña.
  • Bachelet no existía el 10 de marzo de 2000. Obama no existía el 25 de julio de 2004.
  • Bachelet tuvo (tiene) profundos problemas para aterrizar su mensaje en La Moneda. Obama?
Y quien es Hillary? Hillary es Soledad Alvear. Matea, pero aburrida. Experimentada, pero ambiciosa.

martes, 1 de julio de 2008

Obama y la nueva clase ejecutiva

David Brooks, por lejos el mejor columnista del NY Times y de EE.UU., sigue aquí la huella de las donaciones personales a Obama.

Gracias a http://www.opensecrets.org/, podemos saber que los abogados le entregaron a Obama US $18 millones, contra sólo US$ 5 millones que recibió de ellos McCain. Obama recibió de quienes trabajan en comunicaciones y electrónica US $10, contra apenas US$ 2 que obtuvo McCain. Los médicos le dieron a Obama US$7, versus tan sólo 3 a McCain. ¿Cuál fue la empresa cuyos empleados más donaron al demócrata? Goldman Sachs. ¿Y Google? La quinta.

Pero más que los datos, que ya sorprenden, lo mejor es la tesis de David Brooks: el éxito de de Obama está determinado por el surgimiento, en la sociedad de la información, de una nueva clase ejecutiva. El mercado premia como nunca antes la educación con dinero, y quienes han prosperado sobre la base del conocimiento fueron formados, en gran número, en universidades liberales como Berkeley y Harvard, entre muchas otras.

Ese nuevo tipo de profesionales se llevó consigo los valores de esos entornos a sus oficinas a medida que comenzaron a ejecer como gerentes, médicos o abogados corporativos, y hoy, dice Brooks, libran una batalla cultural con la elite de negocios republicana, formada entre la iglesia, el club de golf y los seminarios tipo ICARE, que aún gobierna las empresas de la "economía real" y que hasta hace unos años reinaba sin contrapeso.

¿Por qué esta nueva clase, con altos ingresos y dedicada en gran medida a gestionar empresas e inversiones, vota por Obama, que quiere revisar los tratados de libre comercio, eliminar los "tax reliefs" de Bush y fortalecer la sindicalización? Es decir, ¿por qué votar por un candidato que, si "dice lo que piensa y hará lo que dice", como dice MB, promete tocarles el bolsillo?

Según Brooks, porque aún cuando las elecciones las inclinan los indecisos, en los gobiernos el peso de las elites inevitablemente crece y las promesas de campaña son puestas bajo revisión. (Si no, pregúntenle a Hernán Sommerville).

¿Cómo votan los ingenieros, analistas de inversión, abogados corporativos y emprendedores chilenos sub 40, los hijos de la modernización de los últimos 25 años? Probablemente por Piñera, que es uno de ellos. ¿Cómo piensan? Ni idea, pero se intuye que deben ser menos conservadores que sus jefes.

jueves, 26 de junio de 2008

Lecciones aprendidas

A propósito del post anterior, de Joe Trippi, de Howard Dean, un párrafo de este excelente perfil del NY Times de David Axelrod, el "gran narrador" de Obama:

"Por sobre todo, campaña tras campaña, y particularmente el 2004 de las Dean y John Edwards, Axelrod aprendió que el problema con las candidaturas fallidas no es que que el mensaje no logre hacer sentido. El problema es que, si el mensaje no es capaz de reflejar auténticamente al mensajero, es altamente probable que falle".

¿Han escuchado a Soledad Alvear hablar últimamente de tecnología? Bueno...

Más sobre Axelrod? Vaya a C&C

martes, 24 de junio de 2008

La revolución ¿será televisada?

Hay gente que es capaz de convertirse en una interfase. De conectar cosas que no tendrían por qué juntarse. Eso es lo que hizo Joe Trippi, el ex gerente de campaña de Howard Dean en las primarias demócratas del 2004 en Estados Unidos.

Trippi es, al mismo tiempo, un geek y un asesor de campañas que en los 70 estudiaba Aeronáutica cuando fue abducido por la política. Es el tipo que, si su testimonio es cierto, puso por primera vez un computador al servicio de una elección. Era 1981. Era un DEC PDP-11, “más grande que una lavadora”, con 1,5 megas de memoria y precio de lista de $17 mil dólares, que sirvió para organizar nombres y direcciones de potenciales votantes del alcalde de Los Angeles, Tom Bradley, en su intento por convertirse en el primer gobernador negro de California.

Trippi perdió el ’81 como perdió con Dean el 2004. Pero en esta última derrota demostró cómo Internet, que ya había alcanzado escala suficiente, podía ser un factor estratégico en política. Veterano de decenas de campañas, escribió un libro que se llama “La Revolución no será Televisada”, en el que relata cómo fusionó el “modelo tradicional” y la tecnología.

No soy quien para andar recomendando libros, pero si a uno le interesa la política y la red, y al mismo tiempo no entiende mucho, es lo mejor que puede hacer por 10.85 dólares.

Cuando comenzó la campaña a comienzos de 2003, dice Trippi, Dean “era apenas un asterisco en la campaña”. Un asterisco con apenas $100 mil dólares en el banco y sólo 432 adherentes conocidos.

Un año después, Dean lideraba las encuestas, había recaudado US $50 millones a punta de donaciones de US $100, su red de voluntarios superaba los 600 mil y los medios –“a los que antes rogábamos por cobertura”- lo habían ungido favorito.

¿Cómo? Con dos cosas.

Primero, utilizando un entonces pequeño sitio llamado MeetUp, algo así como el hombre de Cromagnon de Facebook, que hacía notablemente más fácil conectarse con personas con la que uno comparte intereses y así organizarse. Desde una banda de rock hasta una campaña presidencial.

Y segundo, pero más importante, con un mensaje que –escribe Trippi- “rechazaba la vieja política, tomaba a la gente en serio y la empoderaba en el único lugar donde podían reunirse. Un lugar donde la presencia ubicua de la televisión no podría distorsionar su mensaje”: la red.

Hoy
Hoy, cuando en SCL la “política 2.0” se convierte en la palabra de moda, y el indicador clave es cuántos amigos tiene Sebastián Piñera o Jaime Ravinet en Facebook, vale la pena leer la Revolución no será Televisada. Para separar la anécdota de la sustancia.

La fábula del libro está en la introducción, en la que Trippi narra, con el estilo historia-no-contada de las memorias gringas, el día que todo se vino abajo. Moraleja: es la identidad, estúpido. Y la consistencia.

Es comienzos de diciembre de 2003 y falta un mes para las primarias de Iowa. Dean es el favorito y como tal está recibiendo toda la presión. Sus rivales demócratas lanzan diariamente nuevos avisos de TV destacando sus debilidades e inconsistencias. La prensa despliega el despiadado escrutinio que le reserva al número uno, y Dean ha cometido el peor error imaginable.

Antes de dejar su cargo de gobernador de Vermont y lanzarse a la campaña, firmó un decreto para cerrrar todo acceso público a los documentos oficiales sobre sus 10 años previos al mando de ese estado. La contradicción es evidente: el mismo candidato que promete reformar las prácticas en Washington sobre la base de la participación y la transparencia, teme mostrar su propio registro.

Escribe Trippi: “Le argumentamos que se está comenzando a notar en las encuestas. Que no sobreviviremos si la gente comienza a verlo como otro político más, de aquellos que dicen una cosa y hacen otra. Su campaña es justo lo contrario. Es una candidatura reformista, dispuesta a romper las viejas reglas y hacer que la gente vuelva a confiar en la política (…)”.

-“Tiene que volver a abrir sus archivos, gobernador, le dice Trippi junto al resto del staff.

Pero Dean se niega. “No hay nada raro en ellos”, responde. “¿Por qué tendríamos que abrirlos si no hay nada interesante en ellos?”.

La conversación se vuelve circular hasta que el candidato, ofuscado, dice:

-“Si de eso se trata, prefiero renunciar a la candidatura antes que abrir ese archivo”.

Los presentes guardan silencio. La reunión se termina. Dean y Trippi se encierran en una oficina. El candidato está de espaldas, “agitado”, y le dice:

-¡Hiciste esto demasiado fácil!

-¿Cómo?

-Eso. Nunca pensé que esto iba a llegar tan lejos. Estaba tratando de subir mi perfil, de instalar la salud pública como un issue, de sacudir al Partido, de ayudar a cambiar el país. Pero nunca pensé que esto podría pasar. ¿Entiendes?

Dean gira y mira cara a cara a Trippi: “Nunca pensé en serio que podía ganar. Quería ganar, pero realmente nunca creí que fuese posible”.

No lo fue.

(La introducción de La Revolución no será Televisada -que toma el título de una canción de los '70 y que fue usado también en un documental sobre Hugo Chávez- está íntegra aquí).

lunes, 9 de junio de 2008

¿Accionistas de Lagos y Piñera?

El 7 de mayo, como publicó hace unas semanas La Tercera, José Miguel Insulza reservó una noche de sus visitas blitzkrieg con que intenta instalar su candidatura para cenar con los empresarios José Said, Andrónico Luksic y Wolf Von Appen. Unos días antes, Ricardo Lagos sostuvo otra cena similar, esta vez con Lázaro Calderón, Enrique Cueto, Julio Ponce Lerou y Javier Martínez. Si se hubiesen sentado todos a la misma mesa, sobre ella habría estado dispuesta una notable combinación de participación en el PIB y caudal electoral.

¿Son estas cenas una novedad? Para nada. Candidatos y empresarios se reúnen, intercambian opiniones y construyen confianzas que –llegada la hora- suelen expresarse en donaciones para el financiamiento legal de las campañas. Así lo han hecho desde que las elecciones dejaron de ganarse en las estaciones de ferrocarril, y comenzaron a ganarse en los medios. En Santiago, en París, o en Washington.
Donde sí hubo innovación en esos primeros días de mayo fue en Chicago, en la sede del comando de Barack Obama. Al 30 de abril, el nominado demócrata había levantado más de US $264 millones en donaciones privadas, US $30 millones sólo ese mes. Si la cifra ya es récord, más impresionante es cómo llegó a ella. El 94% de las donaciones no superaron los US $200. EL 52% no pasó de los US $25 (unos 12 mil pesos), y casi el 90% del total fue recaudado a través de la web.
Las cifras suponen un quiebre histórico. Hasta ahora, el modelo de negocios de la recaudación electoral era pedir mucha plata a pocas personas. Así lo hizo, por cierto, Hillary Clinton. Pero Obama demostró que utilizando las redes sociales en Internet -una plataforma efectiva y barata de gestionar aportes- es posible hacerlo al revés: pidiendo poco a muchos.
La innovación de Obama es una enorme ventaja, por varias razones. En primer lugar, porque incrementa su libertad frente a grandes empresas, sindicatos y otros grupos de interés, tradicionales financistas de la política. A cambio de US$ 200 dólares, nadie podría acusarlo de venderse –o arrendarse- a alguno de sus donantes.

En segundo lugar, porque detrás de sus US $264 millones hay más de 3 millones de donantes, que optaron por transferir plata como una forma sencilla y poco exigente de participar. Hoy su comando sabe quiénes son, dónde viven y qué hacen, y puede poner a ese ejército en acción.

Chile. Chile está ad portas de iniciar un triple pack electoral, y la pregunta es si esta revolución del fundraising puede impactar su curso.

Un poco de contexto: La ley de financiamiento electoral del 2004 distingue las donaciones privadas anónimas, de las reservadas y las públicas. Las primeras tienen un límite máximo de 20 UF (unos $400 mil), las segundas comienzan en 20 UF y terminan en 1.500, y las terceras parten de ese límite hacia arriba. Las anónimas son usadas principalmente por personas. Las reservadas y las públicas, por empresas.

¿Qué ocurrió el 2005, en las elecciones parlamentarias y presidenciales chilenas? Primó el modelo “clintoniano”. Suponiendo que nadie eludió la ley, el total de candidatos a diputados, senadores y presidente recaudó $949 millones mediante pequeñas donaciones, versus $13.717 en aportes reservados y otros $2.259 millones en las de carácter público. Es decir, la contribución de las personas representó sólo el 5,6% del total.

Chile ya es, en términos absolutos, el décimo país del mundo con más usuarios en Facebook, y según las proyecciones de Tim O´Reilly terminará el 2008 con más de un millón de miembros en la red social que más se expande en el mundo. Y cuando votemos para elegir al próximo presidente, según las proyecciones de la industria, más de un 40% de los hogares tendrá acceso a Banda Ancha.

Ese es el lado lleno del vaso. El vacío habla de un padrón electoral senil, en el que los inscritos sub-29 representan apenas un 7,5% del total, y los mayores de 60 el 25%.

A eso hay que sumar los problemas de la ley actual. Esta no establece un mecanismo transparente para hacer pequeños aportes, que hoy deben entregarse directamente a los candidatos. ¿En qué lo gastan? ¿Quiénes son esos donantes? Nadie lo sabe.

Pero quizás el problema no pase tanto por la arquitectura del sistema, sino por una cuestión previa. Finalmente, para llamar a votar no sólo con el lápiz, sino también con la billetera, quien pretenda hacerlo tendrá que construir una idea de país por la que valga la pena convertirse en "accionista".

Para quienes ya están en la línea de partida, la oportunidad está abierta. El problema es que uno de ellos habrá cumplido 71 años en diciembre del 2009, y antes de hablar de su propuesta 2.0, tendrá que defender su versión 1.0. Y al otro, dueño de la tercera mayor fortuna de Chile, más que darle plata, dan ganas de pedirle. ¿Habrá un tercero?