martes, 26 de mayo de 2009

Sonia Sotomayor, la señora Eva, Antoine y Denis

Sonia Sotomayor es hija de inmigrantes puertoriqueños. Creció en un departamento en un complejo de viviendas sociales en el Bronx. Su padre, un obrero que había llegado apenas hasta tercer año de preparatoria, murió cuando ella tenía nueve años. Su mamá, una enfermera, tuvo que criar a sus dos hijos, a quienes envió al mejor colegio del barrio, el cardinal Spellmann High School. Sonia no la defraudó y al terminar su educación secundaria obtuvo una beca para estudiar en Yale. Se graduó del college summa cum laude e ingresó a la Escuela de Leyes de esa misma universidad, fue fiscal en Nueva York, trabajó en un estudio de abogados y luego hizo una extensa y brillante carrera judicial.

Hoy, el Presidente Barack Obama la acaba de nominar para la Corte Suprema de Estados Unidos. Es la primera latina en ser propuesta para el más alto tribunal de ese país.

Su historia (una biografía de ella preparada por la Casa Blanca pueden leerla aquí) es la mejor campaña de diplomacia pública que puede hacer EE.UU., y nos toca de cerca a todos quienes somos hijos o nietos de inmigrantes (mi abuelo llegó a Chile con menos que una maleta, murió cuando el mayor de sus cuatro hijos no cumplía 16 años, y mi papá fue el único de sus hermanos que pudo ir a la Universidad).

Pero también me hizo recordar una historia que leí en La Tercera hace un par de años. Quizás la recuerdan. Era parte de una serie especial llamada "Luces y Sombras de la Nueva Sociedad Chilena", y fue escrita y reporteada por la periodista y hoy editora de LT, Carmen Gloria Ramos.

La investigación cuenta la historia de la señora Eva Valenzuela. Hija de don Juan Angel Valenzuela, un suboficial de carabineros, cursó estudios de técnico estadístico, vivió toda su vida en el paradero 31 de Gran Avenida y, tal como su padre hizo con ella, impulsó a sus hijos a estudiar con pasión.

El resultado es que Antoine y Denis Sauré, sus dos hijos, estudiaron en el Liceo Manuel Arriarán, en La Cisterna, ingresaron a Ingeniería en la Universidad de Chile, egresaron entre los mejores alumnos, y cursan -o quizás ya lo hicieron- sendos doctorados. Antoine, en la Universidad de British Columbia, en Canadá, y Denis en la Universidad de Columbia en NY.

Quizás, en unos años, veamos a alguno de los dos como rectores de una universidad, fundadores de una multi-chilena o ministros, o ninguna de las anteriores.

El punto es que, en un país que en sólo 20 años triplicó su cobertura de Educación Superior, y en el que siete de cada 10 estudiantes son la orgullosa primera generación de su familia en ir a la Universidad, la biografía de Sonia Sotomayor y la de Antoine y Denis Sauré están dejando de ser tan anómalas.

La historia de don Juan Angel Valenzuela, de su hija Eva, y de sus nietos Antoine y Denis pueden leerla y descargar el pdf aquí.


Alguien debería mandarle el link a Marco Enríquez Ominami, con copia a Paul Fontaine y Rodrigo Danus.

lunes, 18 de mayo de 2009

Me persigue MasterCard


¿Les ha pasado que la publicidad los persigue? No estoy hablando de esa frase radial estúpida, como esas de adrenalin rush, ni del comercial odioso de supermercado que lo pegan dos veces, uno detrás de otro.


Estoy hablando de publicidad en Internet, que te persigue por la red sin descanso y sin apuro, como en No Country for Old Men.


No dudo que la publicidad contextual es una gran idea, pero nadie dijo que tenía que ser agradable.


¿Qué hace un aviso de mastercard en un blog de política de EE.UU?


Deberían preguntarnos. Debería ser parte de la ley del consumidor.


jueves, 12 de febrero de 2009

Devuelvanle su luna de miel

The conversation es una especie de diálogo/columna que escriben a cuatro manos Gail Collins y David Brooks, los dos mejores columnistas del NY Times. Puro filete. El último posteo -porque finalmente es ub blog- me llamó la atención. En él, Brooks -que es un escritor y periodista más bien conservador, pero que votó por Obama- se queja de que la luna de miel de Obama durara tan poco y se declara despojado. "Me robaron mi luna de miel", dice. Y la culpa, afirma, la tiene Obama. Primero porque su plan de estímulo fiscal es un engendro tras su paso por el Congreso y la presión de los Demócratas por impulsar a través de él su agenda ideológica. Segundo, por la seguidilla de errores en la confirmación de sus hombres de confianza, y particularmente los cuatro elegidos que presentaron problemas tributarios, incluido el senador Tom Daschle, mentor de Obama y quien debía conducir la reforma al sistema de Salud.

"¿Qué somos ahora, un país de vírgenes?", reclama Brooks, pasmado frente a la decisión del presidente de prescindir de un hombre clave por una transgresión común en EE.UU (y por cierto en Chile). Pero luego recapitula: finalmente, si te pasaste una campaña prometiendo que ibas a cambiar la cultura política de los últimos 30 años e iniciar una "era de la responsabilidad", no tienes mucha agua en la piscina para insistir con cuatro nominados cuya responsabilidad no les alcanza siquiera para pagar los impuestos.

La idea de que la luna de miel se terminó ya está en todos lados, impulsada también por la nominación en posiciones de primera línea de ex lobbistas, pese a la promesa inicial de que ninguno de ellos asumiría un cargo que supervisara, regulara o tuviera directa relación con la industria en que se desempeñaba en los últimos meses. (un buen relato de cómo se terminó la luna de miel, en esta nota de la excelente Danna Milibank aquí).

¿Por qué todo esto? Por la inevitable sensación de deja vu con los primeros meses de Michelle Babama, y las dificultades para a) plasmar en la práctica promesas como la paridad y el "nadie se repite el plato" b) formar un gobierno que promete ser distinto con una coalición que ha ocupado por décadas las mismas prácticas que la campaña condenaba.

Bachelet es una suerte de Obama. En "la fortuna y la adversidad". Lo dijo ella hace unos meses, y por cierto lo dijo este blog el 5 de julio de 2008 en un posteo llamado "Michelle Babama", lo que -ante la total falta de feedback en su minuto- lo convierte en candidato favorito para los 100 blogs menos influyentes del mundo. Ja.

martes, 10 de febrero de 2009

Nuestra mujer en La Habana

El viaje a Cuba de la Presidenta Bachelet representa muchas cosas, pero sobre todo una: el inicio de la campaña presidencial y parlamentaria en Chile. De otro modo no se entiende la neurosis de la Democracia Cristiana y de la Alianza por tomar la visita a La Habana como una plataforma de diferenciación ideológica y quedarse fuera de una gira que introducirá a Chile en la conversación más interesante de América Latina en los últimos años: qué hacer con Cuba. Cambiar influencia por un par de segundos de noticiarios que se irán por el agujero negro que es febrero es, casi siempre, un mal negocio. Y eso es lo que están haciendo.

El próximo 17 de abril, en Puerto España, Trinidad y Tobago, se efectuará la Cumbre de las Américas. Será la primera de Obama, pero no para Raúl Castro, porque Cuba está "suspendida" de la OEA.

Nadie espera que Obama anuncie el fin del embargo o el regreso de Cuba al sistema interamericano. Pero sí ya hay harta gente que cree que habrá, cuando menos, anuncios simbólicos que señalen cuando menos la voluntad de Washington de modificar su estrategia.

Influye en ello la muy próxima extinción de Fidel, de la que ni siquiera él duda; la crisis económica, que golpeará a Cuba con fuerza y forzará al régimen a buscar innovaciones estructurales para evitar un nuevo "período especial" como el de los '90. Y la actitud de Obama, que no había nacido para el triunfo de la Revolución y que para la caída del Muro de Berlín tenía apenas 28 años.

En este escenario expectante, en el que por primera vez se crea una ventana de oportunidad para impulsar el cambio político en Cuba, ¿qué hace la DC? Sigue actuando con lógica de Guerra Fría, que es precisamente la actitud que más favorece al régimen en La Habana.

La visita de la Presidenta es importante. No sólo para Chile, que podrá tener lugar en una conversación clave para el hemisferio. Será importante para Cuba y los cubanos, como lo fue recientemente la visita de Lula y la de otros líderes.

Chile no puede ejercer "hard power" en el mundo. Pero sí puede ser un líder moral y acrecentar por esa vía su influencia. Un país que aspira a eliminar, paso a paso, la extrema pobreza, a construir una sociedad más igualitaria, a equiparar el acceso a las oportunidades, y al mismo tiempo a ampliar -y no restringir- los espacios de libertad. Un país que es, finalmente, el mejor contra-ejemplo de la revolución, que prometía para esos mismes fines un atajo que ya lleva 50 años, y que a estas alturas es ya un extravío.

Pues bien: nunca el liderazgo moral de Chile ha estado mejor sintetizado que en la figura de la Presidenta. Ella es dos cosas que son relevantes para los cubanos. a) Es una demócrata por convicción y no por costumbre, porque promediando los '80 no creía en ella. b) Es un testimonio de respeto por los derechos humanos y de aprecio por la libertad, porque fue múltiple víctima de la ausencia de una y otra cosa.

La Presidenta irá a Cuba y no se reunirá con los disidentes, pero sí con el cardenal de La Habana. Si el objetivo de la DC es el cambio político en Cuba, entonces debería haber convertido ese encuentro en motivo suficiente para ir a La Habana.

Si la visita fue bien planeada, cada palabra, gesto o comentario de la Presidenta en el arzobispado deberá ser observado con atención. Granma saldrá a vender la historia oficial. Dirá que la Presidenta visitó un centro de salud familiar, un programa de viviendas y un kinderganten, y se sorprendió con la calidad de los servicios sociales que provee el régimen. Pero durante esos días, los párrocos en toda la isla encontrarán la forma de hablar en cada misa de Bachelet, la primera mujer elegida presidenta de Chile, y de cómo Chile recuperó la democracia, redujo la pobreza y restauró los derechos humanos.

Los feligreses cubanos se irán a sus casas, conversarán del tema en la sobremesa y se harán preguntas. Con eso, el viaje presidencial está perfectamente pagado.